viernes, 4 de diciembre de 2015

El Rencor

Todos hemos sentido alguna vez cierto rencor o resentimiento hacia otra persona por algo que nos ha hecho y que sentimos que no podemos perdonar.
A veces se trata de alguien tan cercano como un padre, un hijo, un hermano o nuestra propia pareja o ex-pareja, y eso todavía pone las cosas más difíciles.
Recordad que:Perdonar no es olvidar: es recordar sin que te duela.
Lo que a menudo se olvida o se ignora es que el verdadero perdón nunca vendrá de fuera, sino que ha de nacer de uno mismo. Lo más complicado no es perdonar a otros, sino perdonarnos a nosotros mismos aunque no tengamos la culpa.
Perdonar no significa olvidar lo que ha pasado: en los momentos más dolorosos es precisamente donde mejor nos conocemos.
Pero quedarse anclado a ese dolor y rememorarlo con frecuencia no nos ayuda a sanar, sino todo lo contrario: mantiene la herida abierta.
Independientemente de lo que ocurriera en el pasado, cada uno tenemos el poder de transformar ese dolor y aprender de la experiencia.
Es importante que esa rabia que sentimos hace más daño a nosotros que a la otra persona. La persona que te causó el dolor puede estar arrepentida o no, pero eso no cambia tu situación.
Para llegar a recordar lo sucedido sin que duela, para aceptarlo como una etapa más de este juego de la vida, tenemos que vivir el perdón más como una decisión que como un sentimiento.
Cuando decides perdonar o perdonarte por algo, estás abriendo las puertas de tu propia prisión; estás dejando paso a la liberación que supone deshacerse de un peso enorme que no te deja avanzar.
Pararse a pensar con detalle en el asunto puede resultar hiriente, pero es necesario sacar todo lo que hay en la nevera y se ha podrido.
Generalmente son esos sentimientos que, sin darnos cuenta, hemos asociado a los hechos que vivimos, los que más nos dificultan romper con todo y liberarnos.
Suelen ser emociones como la rabia, la culpa, el miedo, la vergüenza o la ira.
Todas las emociones que podemos sentir son útiles y por eso existen, sólo que no siempre somos capaces de entender su utilidad.
Date permiso para expresar libremente lo que sientes: saca la rabia, la ira, el enfado que llevas por dentro. Puedes escribir una carta, gritarlo en voz alta, hablarlo con alguien de confianza y soltar, soltar, soltar.
Cuando sientas que no te queda nada dentro respecto a ese asunto, decide firmemente acceder al perdón. Te recuerdo que el perdón es un camino unidireccional, de dentro hacia fuera, que no necesitas ni siquiera que el otro lo sepa.
Perdonar no significa reconciliación, ni tampoco exculpar a la persona que causó el daño: perdonar significa dejar ir el dolor.
Perdonar significa soltar la mano al pasado para poder caminar sin lastres hacia el futuro. El perdón no es automático; es un proceso, y como todo proceso necesita un tiempo para ir consolidándose.
Pero la decisión de perdonar sí es un todo: cuando llegas a ese punto aceptas el compromiso de vivir con esa actitud de ahora en adelante.
Y no olvides que al perdonar a los demás te estás perdonando a ti mismo, y aceptar los errores de otros te ayudará a aceptar los tuyos.
Yo ya he perdonado y me siento más ligera y veo mi camino hacia delante mucho mas claro, de nada sirve vivir con resentimiento.

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